sábado, 7 de junio de 2008

Tratado sobre la pena


La pena también son manos rasgadas y caspa.
El que alguien pregunte: ¿han visto a felipe?
y nadie sepa decir algo,
pero suponen que estará tomando por allí.

No sólo los ojos llevan la marca de la pena.
La nariz, los oídos,
el cuello descubierto
y el fin azulino de los pies llevan la marca.
En ella siempre hay un rostro que tiene
las voces gastadas de un montoncito de barro
que se sabe las partes finales de las canciones.

La pena, además, es quedarse parado solo en la calle
esperando que alguien regrese por mí,
como las llaves en la puerta
o la inseguridad de pensar en el paso del gas
que pudo haber quedado abierto.

Escribir es otro tipo de pena
como respirar e imaginar, eso si,
más delicada.

La pena, ante todo,
es un padre buscando a su Hija
entre todas las demás hijas que ve en la calle
cuando espera carcelariamente tres horas
a la semana.

¡Ciento sesenta y cinco filos son los del luto!

El ruido de las pequeñas cosas lleva la pena.
Una chica procesión que lagrimea con cada cerrar de cortinas,
con un teléfono en serenidad eterna,
con un montón de hojas sin advertir,
con residuos de tu paso ¡inamovibles!
que rara vez se logran percatar de mí.

Saborear la pena de madrugada es arrastrar el peligro hasta la cama,
engañar en la última ida al baño dejando trancada la puerta con el alba,
a la orilla de la garúa,
desangrando al grito que ha dormido en lo más oscuro del bolsillo.
Y si permanezco quieto a esperar la nueva cruda jornada
para tanta gente,
la pena se mastica
y se traga!

No lavarme el pelo,
usar el mismo polerón todos los días
y perderme de vista
es como entiendo en parte la pena.
Pedir
NO MÁS!
es como la vivo.

La pena también es pena.

jueves, 29 de mayo de 2008

Tampoco lo mal entiendas




Bajo el silencio de tu cuello paseo el anonimato de mi piel,
en el recrudecimiento de la soledad,
donde las manos deshacen la esperanza,
esperanza comenzada como juegos de niñas y niños
el día
que comprendimos la importancia de perdernos del sol.

Dices que se te cae la cara,
igual que al invierno se le cae el cielo,
que no puedes contra eso,
pero si contra mí. Y no me queda más que
recorrer con mi lengua la historia de tu vida.

Mientras por la calle pasa gente, irás a soñar
con dientes en vez de estrellas,
en la herida que es el viento
bajo el último aliento de la ciudad.

viernes, 23 de mayo de 2008

La humedad antes de amanecer



(En homenaje a Pablo)






He resumido la noche en mi mano.





Le escurre


dolor





Le escurre


cansancio





Llega el sueño con tibieza


en el momento, que


no se oyen las sirenas de algún servicio


de urgencia.

jueves, 8 de mayo de 2008

Niño a las tres de la tarde en día de temporal





“Los golpes más
duros no dejan señal”
(Cristina Rosenvinge)



Creí que las hojas caían a razón
de un viento con ganas de asesinarlas.

Mi infancia se condenó,
se condenó
a sentir que las manos cargan con todas las culpas,
y que cada culpa,
deja en el rostro una silenciosa marca.

Descripción











Una de las esquinas de mi cama silba el dolor.

-En el mundo estoy solo-
respiran los árboles.

Caben en las vitrinas
todas las postales de nuestros miedos.

Hoy nos enseñan
los círculos de agua
la clandestinidad de nuestro futuro.
.

jueves, 6 de marzo de 2008

24 de enero de 2008


Un parche negro simula a la esperanza en el lado oscuro del polerón.



Bajo el cotidiano volcado a los ladridos,

se nos hace interminable un poema.

Es mejor definir la vida con una canción

y encontrar en lo que queda tibieza.

La culpa


La culpa desciende

como sangre en las sábanas, perdida,

en el lado trémulo de mi voz.


Te digo - mejor que duela

a que no -

Y tu bailas en los dedos,

se marca todo tu movimiento en la muerte.

Cuando aún la culpa desciende

como sangre de nariz con restos de vidrio.