
Ella llora apenado
lo que él ha sabido callada siempre.
Y el otoño los consume
y el invierno las despedaza
en ese rincón de noche
que le arrebataron al mundo.
El,
sola,
al fondo de la ventana
encarcelando sus reflejos con el humo de la soledad,
mientras es ella
el que pinta
con sus costillas hacía afuera
los ojos de las paredes de ese lugar.
Ninguno ve
las heridas en las rodillas de la otra,
y van intercambiando
de labios en labios… sus nombres.
Son todo cuanto quisieron,
piel desnuda al descubierto
bajo la luz tenue de una bombilla.
Están listas,
dispuestos,
a volver eterna esta noche.
Han renunciado al derecho
de ser hombre y mujeres libres,
concedido
por los padres de toda patria.
lo que él ha sabido callada siempre.
Y el otoño los consume
y el invierno las despedaza
en ese rincón de noche
que le arrebataron al mundo.
El,
sola,
al fondo de la ventana
encarcelando sus reflejos con el humo de la soledad,
mientras es ella
el que pinta
con sus costillas hacía afuera
los ojos de las paredes de ese lugar.
Ninguno ve
las heridas en las rodillas de la otra,
y van intercambiando
de labios en labios… sus nombres.
Son todo cuanto quisieron,
piel desnuda al descubierto
bajo la luz tenue de una bombilla.
Están listas,
dispuestos,
a volver eterna esta noche.
Han renunciado al derecho
de ser hombre y mujeres libres,
concedido
por los padres de toda patria.
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