
No me acuerdo muy bien de cómo es que me internalicé en la escritura... sé que la primera vez que intenté realizar un poema fue en tercero o cuarto básico, era para una niña que me gustaba, esa compañerita de curso que no puedes dejar de observar durante la clase, que en los recreos la buscas infructuosamente en ese mar de chiquill@s de camisas o blusas blancas o celestes, acompañada de esa corbata azul que delata la pertenencia a una escuela básica municipal.
Todavía recuerdo algo de ella, aunque no la he vuelto a ver desde cuarto básico. Tenías unos ojos claros, los primeros que mis ojos café oscuro reconocían como diferentes pero para nada ajenos, su pelo se me confunde entre el trigueño claro o rubio oscuro, su piel blanca tan lejana para mi edad, esa sonrisa fresca como la mañana, esa voz casi inaudible, esas hilachas por piernas, y esa abrigadora y compañera parka con la que se me viene a la memoria.
En realidad creo que no la he vuelto a ver, pero no estoy muy seguro, pudo haber pasado varias veces por mi lado o hasta compartido con ella en algún reducto de esos que la noche te brinda, pero mi memoria no ayuda a reconocer a las personas.
En esa época, una noche bien tarde, a eso de las doce tirando para la una, veía una película, un vagabundo, según lo que recuerdo, escribía un poema de amor a una mujer, no me acuerdo mucho más... lo que importa es que traté de escribir el mismo poema esa noche para aquella niña compañerita. Aunque era un plagio tuve que improvisar casi todos sus versos por mi mala memoria, enfermedad incurable. Al final, quedé con esa obra maestra de la necesidad de expresar expresada por otro. No la llevé al siguiente día, espere uno más, ya que fuí a cortar la única flor que nació en medio del campo de fútbol de la infancia en ese parquecito del barrio.
Esa mañana en clases, con mi flor y mi poema en el bolso, decidí que la mejor forma de realizar aquella demostración de afecto era guardando esos monumentos del cariño inicial en la vida en su mochila. Pero hubo un problema, el chico plagiador y asesino de la única flor de esa placita no tenía el suficiente coraje, después de realizar aquella acción de intervención en la mochila de la compañerita volvía y retiraba los monumentos y así una y otra vez... hasta que se dio cuenta que tod@s las demas compañerit@s lo observaban entre risas y dedos que lo señalaban...
Fue así que inicié la aventura de escribir, claro, ya no plagio tan descaradamente, intento vivir un momento en la poesía antes de que quede inmóvil en la hoja... De si dejé la flor y el poema en la mochila de la compañerita?... no recuerdo... me he pasado muchos instantes de nostalgías intentando recordarlo, pero no he podido... quizás si... quizás no...