jueves, 29 de noviembre de 2007

Poema abierto para Ti



(Foto: Alena...
gracias por apoyarme)

No te basta con que te diga: “mis bolsillos
están repletas de mentiras”,
es más,
decirte:
“se me caen,
son tantas,
se me caen,
forman un camino hasta mí”
casi llorando,
casi riendo
o puede que ninguna de las dos.

Estás intranquila, se te ha desabrigado el corazón.
Reprochas a mi ausencia,
ésta se amurra bajo tu cama.
Alguien más, en tu país,
a partido al exilio. Allá,
tras esa cordillera de puchos y colas.
A partido a pie,
como se debe partir,
porque los trenes ya han muertos,
y hemos heredado rieles de sueños rotos
que conducen a una luz parpadeante
de los lugares más oscuros de la necesidad.

No te basta con que te enseñe mis mentiras,
con arrebatármelas,
no te basta con que te las regale
para que puedas decir:
“Sí… son mías.
Se me resbalan en cada caída libre
desde la punta de tu lengua”

No te basta que les tenga afecto;
un cariño irrevocable de perro.
No te basta que las necesite;
un agosto sangriento de gato.

No te basta, declarado:
en tus párpados, agonías y malas juntas;
en tu espalda, baño y tiempo perdido.

Qué me importa que “no te baste”

Yo me he ganado esas mentiras

Yo me he ganado el derecho a ser feliz.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Un rincón de noche para ellos dos solas


Ella llora apenado
lo que él ha sabido callada siempre.
Y el otoño los consume
y el invierno las despedaza
en ese rincón de noche
que le arrebataron al mundo.

El,
sola,
al fondo de la ventana
encarcelando sus reflejos con el humo de la soledad,
mientras es ella
el que pinta
con sus costillas hacía afuera
los ojos de las paredes de ese lugar.

Ninguno ve
las heridas en las rodillas de la otra,
y van intercambiando
de labios en labios… sus nombres.
Son todo cuanto quisieron,
piel desnuda al descubierto
bajo la luz tenue de una bombilla.

Están listas,
dispuestos,
a volver eterna esta noche.
Han renunciado al derecho
de ser hombre y mujeres libres,
concedido
por los padres de toda patria.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Hombre de reloj


Un hombre garabatea el día soleado

con la punta de una duda entintada de odio,

reza una oración improvisada

de los restos de las risas de lxs niñxs que a lo lejos lo encuentran,

se la reza al dios más cercano

porque lo ve con hambre y pena.


El mismo hombre piensa en blanco,

conserva un sueño titubeado

y arranca de las baldosas el rastro de su sombra,

enfrasca injurias,

reacomoda declaraciones;

todo esto por un día soleado.


Este hombre de reloj,

porque quiere saber a que horas se avalanchan

sus penas y alegrías,

está atrapado en el sonido de las hojas y el viento,

cuando éstas,
se reencuentran;

está atrapado en los cristales que al sol encaran,

en el viudo canto que a alguien prometió.


De pronto un silbido resquebraja su frágil segundo.


Un hombre muere aplastado por la ciudad.

El equilibrista


Porque manotea la nada

a todxs parece darles gracia.

Que él escupa a la oscuridad de sus ojos

afilando el borde gastado de esa plateada desesperación,

que cruce un cordel desde los extremos del catre

para hacer su show de equilibrista borracho.


Y las risas cada vez más fuertes

cuando muestra los dientes

en cada sorbo a la necesidad

de ser perro huacho abrigado por el concreto de una ciudad.


Porque pelea con sus fantasmas

en esa soledad masticada

a todxs parece darles gracias.

Ahora


¡APLAUDAN!