jueves, 29 de mayo de 2008

Tampoco lo mal entiendas




Bajo el silencio de tu cuello paseo el anonimato de mi piel,
en el recrudecimiento de la soledad,
donde las manos deshacen la esperanza,
esperanza comenzada como juegos de niñas y niños
el día
que comprendimos la importancia de perdernos del sol.

Dices que se te cae la cara,
igual que al invierno se le cae el cielo,
que no puedes contra eso,
pero si contra mí. Y no me queda más que
recorrer con mi lengua la historia de tu vida.

Mientras por la calle pasa gente, irás a soñar
con dientes en vez de estrellas,
en la herida que es el viento
bajo el último aliento de la ciudad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

acá muerto de frio.
tenías una voz rara por teléfono. perdona por no atenderte pero estaba ocupado. te llamo cuando llegues a tu casa.esta bueno el poema,un poco triste y sin diminutivo, pero bueno.
pablo